Lilia se pregunta cómo pudo alguien envejecer tan rápido, mas una cachetada mental le recuerda lo destructiva que es esa enfermedad. No obstante, ella siente que hay algo más que eso, como si su maldad lo hubiera consumido en complicidad con el cáncer. También ha visto eso en sus pacientes, que no necesariamente padecen la misma enfermedad.
Quizás alguien de su rama la reprendería por ese pensamiento, pero ella cree mucho en la justicia divina y las leyes de las consecuencias de los actos.
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