Lilia abre los ojos lentamente, y su mirada desorbitada se encuentra con la de Bratt, cuyo semblante luce cansado y preocupado.
—¿Dónde estoy? —pregunta ella, confundida.
—Estamos en la clínica. ¿Cómo te sientes?
Lilia se queda callada por un rato, escaneando el lujoso lugar con la mirada. En el cuarto hay cuadros bonitos, muebles que supone son para los visitantes, una mesita a su lado, una nevera pequeña y una puerta que parece llevar al baño. La pulcritud y elegancia definen cada centímetro