El ambiente en la oficina se sentía cargado de una electricidad diferente esa mañana. No era solo la presión del caso contra los Morel, sino la presencia de Sebastián Soler, que parecía haber inyectado una dosis de vitalidad y luz en los pasillos de mármol de la firma. Sin embargo, sabía que en este nido de serpientes, cualquier brillo atraía depredadores.
Estábamos en la sala de juntas cuando Alejandro Santoro entró acompañado de Jessica Valente, lucía un vestido entallado que gritaba desesper