Jimena.
—No pude contenerme, fueras vistos sus caras—soltó Jimena, dejando su estetoscopio sobre la mesa con un golpe seco. Sus mejillas estaban encendidas y sus ojos brillaban con una excitación peligrosa.
—¿Cómo que sus caras, Jimena? —pregunté, sintiendo una punzada de ansiedad en el pecho.
—Cuando los encaré a Ricardo y a Camila en la sala de espera. Ricardo estaba allí, petrificado, y aproveché para decirle a esa víbora que sabemos exactamente lo que hizo. Le grité frente a todos que tene