Terminó rápido, estremeciéndose mientras soltaba un gemido gutural y su semilla manchaba su vientre. Se limpió con una toallita humeda que sacó del cajon al lado de la cama y se quedó un momento respirando, tratando de calmar su corazón acelerado.
El lobo regresó a la mesa como si nada hubiera pasado. Zendaya sonreía mientras comía feliz, ajena al caos hormonal que su sola presencia provocaba en ambos licantropos.
Así transcurrieron los días. Ellos la acompañaban a las citas, la mimaban, daban