69. No te has librado de mi
Dante
El ambiente se vuelve irrespirable. Mis hombres, apostados en los pasillos, huelen mi mal humor como tiburones oliendo sangre en el agua. Se mueven con una eficiencia silenciosa que roza el miedo absoluto.
Ayudo a Isabel a subir al Range Rover, y aunque trato de ser cuidadoso, mis movimientos son bruscos, marcados por la posesividad que me atenaza las entrañas.
Durante el trayecto a la ciudad, el interior del vehículo blindado es un sepulcro. Matteo conduce en silencio, con la vista fija