70. Sácanos de aquí
Isabel
La puerta se cierra tras Dante y, de inmediato, el aire en el consultorio del doctor Miller se vuelve más pesado, más difícil de tragar. Me quedo mirando la madera oscura de la entrada, sintiendo una presión extraña en el centro del pecho, un mal presentimiento que se me enrosca en las tripas como una serpiente. Dante se ha ido con esa rigidez en los hombros que solo muestra cuando está en alerta máxima, y aunque trato de convencerme de que es solo su paranoia habitual, el presentimiento