68. Haz tu trabajo
Dante
La mención de salir de la mansión deja a Isabel congelada, con un trozo de fruta a medio camino de la boca. Veo cómo sus pupilas se dilatan, una mezcla de esperanza y terror absoluto que me hace apretar los puños bajo la mesa. Sé lo que está pensando. Libertad. Pero en mi vocabulario, esa palabra es un lujo que ella no puede permitirse. No mientras Ramírez respire.
—¿Salir? —repite ella, y su voz suena pequeña, casi frágil—. ¿A dónde?
—Tengo asuntos que atender en la ciudad —respondo, pon