66. Te estaba esperando
Isabel
Cierro la puerta de mi habitación y me apoyo contra ella, jadeando como si hubiera escapado de un incendio. Mi pecho sube y baja frenéticamente. Estoy agitada, atemorizada, pero por encima de todo... estoy excitada. Me odio por ello. Me odio por la forma en que mi cuerpo todavía vibra ante el recuerdo de sus manos.
—No, no, no —susurro, apretando los ojos—. ¿Qué me pasa? Él es un asesino. Él destruyó la casa de María. Él me tiene cautiva.
Me toco los labios con la punta de los dedos. Sig