65. No hay vuelta atrás
Isabel
l aire en la habitación de Dante se ha vuelto denso, cargado de una electricidad estática que hace que el vello de mis brazos se erice. Lo veo levantarse de la cama con una lentitud predadora, sus movimientos son fluidos, decididos. Mi corazón no solo late rápido; golpea contra mis costillas con una violencia que me marea. Debería moverme. Debería dar media vuelta, salir por esa puerta y no mirar atrás, pero mis pies parecen haberse fundido con el mármol frío.
Dante acorta la distancia e