67. Un error
Dante
Estoy sentado a la cabecera de la mesa, rodeado por el lujo estéril de este comedor que, hasta hace poco, solo servía para mis cenas solitarias y mis planes de guerra. Tengo una taza de café negro frente a mí, pero el líquido ya se ha enfriado. No me importa. Mis sentidos están agudizados, tensos, enfocados únicamente en el eco de los pasos que deberían venir del pasillo principal.
Tengo la camisa negra remangada hasta los codos, revelando los tatuajes que se pierden bajo las fibras de la