48. Vivo entre sus llamas
Dante
El frío de la madrugada es un viejo amigo. Se filtra por las costuras de mi chaqueta táctica, recordándome que estoy vivo, que la sangre todavía corre por mis venas a pesar de que gran parte de mi alma se quedó en aquel hotel bombardeado. El convoy se detiene con una precisión milimétrica a quinientos metros de la propiedad. No hay luces, no hay sirenas; solo el zumbido de los motores enfriándose y el sonido metálico de los cerrojos de las armas siendo verificados.
La casa de verano de Ra