34. No lo necesito
Isabel
He pasado las últimas horas midiendo el largo de mi habitación con el sonido rítmico de mis muletas. Cada vez que cierro los ojos, la imagen de Dante sobre mí en el pasillo regresa para atormentarme. Siento el calor de su piel, el olor a pólvora mezclado con su aroma personal, y sobre todo, la forma en que mis propios ojos me traicionaron al buscar sus labios.
Me odio por eso. Me odio porque es un bruto, un hombre moralmente gris que vive en un mundo de sombras, y aun así, mi cuerpo pare