35. Debo estar loca
Isabel
—Vaya, qué pequeño es el mundo —dice ella, con una voz aterciopelada y peligrosa—. Nos volvemos a ver, Dante Volkov.
Las palabras son tan resueltas como medidas y puedo ver en los ojos de la mujer la satisfacción de las reacciones que ha generado su entrada.
Y por alguna razón que no tiene que ver del todo con la profesión, mi cuerpo siente cierta aversión sobre ella.
En especial cuando mira al hombre a mi lado y sonríe como el gato de Alicia.
Siento como si me hubieran arrojado un balde