195. Ser parte del equipo
Isabel
El olor a humedad y a desinfectante industrial es lo primero que me golpea los sentidos al abrir los ojos. Me quedo mirando el techo de vigas de madera desgastada de la pequeña habitación auxiliar del búnker, parpadeando para disipar la pesadilla que me ha mantenido despierta a medias durante las últimas tres horas.
El colchón delgado es incómodo, se hunde bajo mi peso y las sábanas ásperas se sienten frías contra mis brazos descubiertos.
Me incorporo despacio, soltando un gemido sordo