196. Empieza ahora
Dante
Siento el peso de su cabeza apoyada contra mi pecho y cierro los ojos un segundo, aspirando el aroma a vainilla de su cabello que sobrevive milagrosamente a la humedad de este búnker. La rodeo con mis brazos, pegando su cuerpo pequeño contra el mío con una fuerza que roza lo desesperado.
No puedo creer la maldita suerte que tuve de encontrar una mujer como ella en mitad de este caos.
Sé perfectamente que no la merezco. Soy un hombre con las manos manchadas por la violencia de la guerra y