194. No me voy a ir
Dante
Isabel se remueve en el colchón, enderezando la espalda, y me sostiene la mirada con una fijeza que me sorprende. Sus ojos claros están recorriendo mi camiseta negra limpia, buscando los rastros del monstruo que lavé en el baño.
—Te dije en el pasillo que no te tengo miedo a ti, Dante —me responde, con un tono que intenta sonar firme, aunque una ligera vibración delata el cansancio de sus nervios—. Me impresionó la escena. Me horrorizó ver a un ser humano colgado de esa forma, la brutalid