152. Tendríamos que hacerlo bien
Dante
Isabel se retuerce las manos en el regazo, clavando la vista en sus propios dedos como si le costara mirarme de frente para suelta lo que viene. Su respiración es un hilito de aire que me roza el cuello.
—La encargada del preescolar lo ha llamado mi hijo… —me dice en voz muy pequeña, casi un murmullo que apenas compite con el silencio del estudio—. Y yo no la corregí, Dante. No quise tener que explicar nada de nuestro pasado, ni de la organización, ni de dónde viene realmente. Simplement