147. No te quiero lastimar
Isabel
—Llevo semanas lista…
La visión de su virilidad al desnudo me hace contener el aliento; es una columna rígida y oscura que pulsa con vida propia.
Apoya la punta de su hombría justo en mi entrada húmeda. Siento el calor abrasador de su tacto y me tenso de inmediato, cerrando los ojos.
El instinto de defensa se activa al percibir la magnitud de lo que va a entrar en mi cuerpo.
—Mírame, Isa —me ordena, y su voz es un bálsamo de ternura en medio de la tormenta—. Mírame, pajarito. Abre los