146. Me vas a matar
Isabel
Camina tres pasos ciegos hacia la enorme cama y me deposita sobre el colchón de seda gris. El impacto suave me hace soltar un gemido sutil. Me quedo ahí, con el cabello desparramado sobre la almohada y las piernas entreabiertas.
Dante se queda de pie a un lado de la cama, mirándome desde arriba con un hambre tan feroz, tan primitiva, que me hace estremecer de pies a cabeza.
No hay rastros del hombre civilizado; es la Bestia en su estado más puro, lista para reclamar lo que es suyo.
Lej