136.
Dante
Mis manos, libres del botiquín, suben de manera automática por sus costados. El deseo me da un latigazo en la pelvis, un hambre vieja y acumulada que me ruge por dentro.
Me subo a la cama, colocándome por encima de ella pero cuidando de mantener mi peso apoyado en mis antebrazos para no presionar su abdomen.
Empiezo a desvestirla con una lentitud que me tortura, pero que es necesaria.
Deslizo la blusa blanca por encima de su cabeza, dejando al descubierto sus hombros delicados, su claví