135. Gracias por volver
Dante
Subir las escaleras del sótano con ella en mis brazos es la tarea más jodidamente difícil que he tenido en semanas, y no por su peso. Isabel no pesa nada; es una línea delicada de huesos y curvas suaves que se acopla contra mi pecho como si hubiera sido diseñada para rellenar mis espacios vacíos.
El problema es el terror que me carcome por dentro. Cada vez que da un paso en falso o que se le escapa un suspiro más pesado, siento que el corazón se me va a detener.
Su blusa blanca sigue ma