134. No podría pensarlo siquiera
Isabel
Sus palabras me golpean con violencia, pero noto que ni me mira a los ojos mientras lo dice.
Ve algún punto específico de mi cuerpo.
Sigo su mirada hacia abajo, hacia mi propio cuerpo.
Al mirar mi blusa blanca de algodón, noto que justo en el costado derecho, sobre la tela, empieza a expandirse una pequeña mancha roja, un punto de sangre oscura que se hace más grande cada segundo.
El esfuerzo de levantarme ha abierto un poco los puntos de la cirugía. Siento el dolor continuo, un latido