115. Nadie se entera
Dante
El silencio de la Unidad de Cuidados Intensivos no es pacífico; es una masa densa que se te clava en los huesos, rota únicamente por el siseo rítmico, casi mecánico, del respirador y el pitido constante del monitor cardíaco. El olor a ozono y antiséptico me satura la nariz.
He tenido que ponerme una bata estéril sobre la ropa limpia que Cecilia me trajo, un trozo de tela azul que me hace sentir ridículo, fuera de lugar. Los monstruos como yo no pertenecen a habitaciones tan blancas. Nues