114. Un viejo amigo
Dante
Me quedo así, temblando en el baño del hospital por lo que parecen horas, dejando que el agua caliente corra hasta volverse fría.
Finalmente, abro los ojos. Me limpio la cara con brusquedad, tragándome el nudo, enterrando el dolor en el lugar más profundo de mi ser. Me quito la camisa ensangrentada, uso las toallas húmedas de Cecilia para borrar los restos de mi piel y me pongo la camiseta negra limpia que me trajo.
Cuando me miro de nuevo en el espejo, el espectro ha desaparecido. El Se