La luz entraba por una gran ventana que daba al jardín trasero, pero la tensión dentro de la habitación era palpable, casi asfixiante.
— ¿Qué pasa? —preguntó Alexander, cruzándose de brazos y apoyándose contra el escritorio de roble.
Natasha cruzó los brazos a su vez, mirándolo fijamente.
— Quiero que dejes de verte a solas con Emma.
El silencio fue instantáneo y pesado.
Alexander parpadeó, genuinamente sorprendido.
— ¿Perdón?
— Me escuchaste perfectamente... —respondió ella, dando un paso adel