Capitulo 47

Al día siguiente, el hospital estaba mucho más tranquilo aquella tarde.

Los pasillos, habitualmente llenos de voces apresuradas, susurros de enfermeras y el eco distante de carros de medicinas, permanecían ahora silenciosos, apenas iluminados por la tenue luz grisácea que se filtraba desde el exterior.

El aire olía a desinfectante, a café viejo de la máquina del fondo y a esa humedad característica que se pega a la ropa después de un día de tormenta.

Emma caminaba por el corredor con pasos su
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