La noche había caído en silencio sobre la mansion.
Emma caminaba por el pasillo con pasos suaves, descalza. Había terminado sus tareas hacía rato, pero el sueño no llegaba y en parte debía buscar algo para su pie, podía caminar pero aún le dolía afirmarlo.
Y, sin embargo, no le sorprendió verlo.
Alexander estaba ahí, de pie junto a la ventana del pasillo que daba al jardín trasero.
La luz de la luna entraba débilmente, recortando su silueta contra el vidrio, llevaba solo una camiseta oscur