Cuando Bianca se despertó por la mañana, Efraín no se encontraba en la casa, pero la mesa estaba puesta con el desayuno. Era mejor así, para evitar un momento incómodo.
Sacó el celular y apenas lo encendió, una cascada de notificaciones inundó la pantalla. Eran avisos de llamadas perdidas: la mayoría de Francisco, varias de Efraín e incluso dos de su hermana.
—Hermana, ¿me marcaste ayer?
Marcó el número y, cuando Claudia contestó, notó su voz cansada y ronca.
—Sí. Efraín me dijo que no te encon