—¿Te sientes mal? —le preguntó Rubén con genuina preocupación al notar la expresión de malestar que Francisco había mantenido desde el almuerzo.
—No es nada, creo que me cayó mal la comida. Voy al baño y se me pasa.
Francisco se puso de pie.
—¿Seguro que estás bien? ¿Quieres que te acompañe? —insistió Rubén, levantándose también.
Él le hizo un gesto con la mano para que no se preocupara.
—No, no te molestes. Puedo ir solo.
Rubén lo observó con preocupación mientras su delgada figura se alejaba