Francisco llegó a casa agotado. Sus padres lo esperaban en la sala. Él les dedicó una sonrisa cansada.
—Mamá, creo que ya me voy a regresar.
La sonrisa de Lorena se borró de su cara al instante.
—¿Tan pronto? Pero... ¿no tienes a tus asistentes allá? Cualquier cosa te la pueden mandar por correo o te pueden llamar, ¿no?
—Mamá... —Francisco abrazó la menuda figura de su madre y dejó escapar un suspiro—. No es como que no vaya a volver. No te pongas así.
—No es eso —replicó ella, y sus ojos se en