El Parque del Manantial era uno de los parques más discretos de la ciudad, y el lago artificial que albergaba, aunque pequeño, no era la excepción. Por eso, casi nunca había muchos visitantes.
Bianca siempre le había encantado ese lugar por su tranquilidad. Cada vez que se sentía mal, le gustaba sentarse en una de las rocas a la orilla del lago; sentía que así su corazón se serenaba poco a poco. Era un secreto que solo le había contado a Francisco.
Y justo como en otras ocasiones, ahora estaba