—Es muy bonito —dijo Leo, sinceramente.
—Gracias. Siéntate donde quieras. ¿Quieres algo de beber?
—Agua, por favor. Gracias. —Leo recorrió la habitación con la mirada y se sentó en un sofá blanco con cojines de tela color beige.
—¿Tienes hambre ya? Estás en tu casa, ponte cómodo. —De vuelta en su hogar, Francisco ya no era tan distante. Parecía mucho más relajado.
—Gracias, por ahora estoy bien. Podemos empezar a preparar la cena en un rato. Por cierto, ¿sabes cocinar? —Leo sacó la lengua—. Yo n