Mateo abrió el termo y un aroma delicioso inundó la oficina. Con cuidado, sirvió un poco en un tazón pequeño y se lo entregó.
—Gracias, mi amor. —le sonrió con ternura y tomó el tazón.
—Toc, toc.
—Adelante.
—Presidenta, el señor Herrera, está aquí. —anunció su secretaria.
Claudia se alegró. ¿Habría funcionado lo que le pidió a su hermana? Dejó el tazón a un lado.
—Hazlo pasar, por favor.
Efraín, con un elegante traje gris plateado, entró con aire imponente.
Claudia se levantó.
—Fray, qué oportu