Sentada en el asiento del copiloto, al lado de Efraín, Bianca se sentía extraña. La sensación de ir a esa casa parecía un recuerdo lejano. Si no fuera por la presencia de él, casi podría creer que nunca se había casado.
—Lo siento. Has pasado por mucho. —La voz grave de Efraín rompió el silencio.
—No es nada. Son mis asuntos familiares. —Su tono fue tan indiferente que sonó como si él no tuviera nada que ver.
Esa indiferencia lo molestó profundamente.
—¿Así que a esto hemos llegado?
—Nunca lleg