Francisco estaba de pie junto a la cama, observando a la mujer que yacía allí. Tenía el pelo revuelto sobre la almohada, la cara pálida y demacrada, una lágrima le resbalaba por la sien. Le secó la lágrima con la yema del dedo y suspiró.
Se había enterado de la noticia por la televisión. Inmediatamente, llamó a Efraín, pero su celular estaba apagado. Llamó a su oficina y le dijeron que se había ido a Chiapas. Consiguió el número de Bianca y, al marcar, le contestó un médico llamado Raúl Anaya,