Subieron a toda prisa y, al abrir la puerta del cuarto, encontraron una escena caótica. Un hombre con la ropa en desorden y claramente borracho estaba arrodillado frente a la cama de Claudia, golpeándose la cabeza contra el suelo mientras suplicaba.
—Perdóname, por favor, perdóname. Fui un imbécil, me equivoqué. ¿Puedes perdonarme?
En cuanto Carlos vio entrar a Efraín, se acercó.
—Es él.
Sara, incapaz de contener su furia, se abalanzó sobre el hombre y le dio una bofetada.
—¡Lárgate de aquí aho