Francisco no dejó las telas hasta que sintió las manos entumecidas. Se detuvo un momento para estirar el cuello y Linda le acercó una taza de café. Él la miró extrañado.
—¿Y Bianca? No la he visto.
—¡Jefe, por fin reacciona! —se quejó Linda—. Bianca tuvo un asunto familiar y se fue antes. Me pidió que no te molestara. No puedo creer que hayas estado tan metido en tu trabajo que no te diste cuenta hasta ahora. Qué distraído andas jefe.
—Ah, ya veo. Lo siento mucho, déjame le marco —dijo él, sint