Apenas Leo llegó a la empresa, el carro de Rubén se estacionó justo detrás del suyo. Leo le dedicó un gesto burlón y, cuando se disponía a subir, reconoció a una figura familiar que lo tomó por sorpresa.
—¿Tú qué haces aquí?
Alfredo sonrió.
—Lamento decepcionarte, pero no vine a buscarte. Hoy tengo una cita con el presidente de la empresa.
—¿Ah, sí? ¿Conmigo? —intervino Rubén—. Entonces debe de ser por trabajo. Pasa, por favor.
—Claro. Con permiso. —Alfredo apartó a Leo con un leve empujón y si