Capítulo 129 Obsesionado

Apenas Leo llegó a la empresa, el carro de Rubén se estacionó justo detrás del suyo. Leo le dedicó un gesto burlón y, cuando se disponía a subir, reconoció a una figura familiar que lo tomó por sorpresa.

—¿Tú qué haces aquí?

Alfredo sonrió.

—Lamento decepcionarte, pero no vine a buscarte. Hoy tengo una cita con el presidente de la empresa.

—¿Ah, sí? ¿Conmigo? —intervino Rubén—. Entonces debe de ser por trabajo. Pasa, por favor.

—Claro. Con permiso. —Alfredo apartó a Leo con un leve empujón y si
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