Efraín se lavó la cara en el baño del aeropuerto y se sintió mucho mejor. Al salir, vio a Bianca, que esperaba afuera perdida en sus pensamientos, y se acercó a ella.
—¿Estás cansada?
—Estoy bien —respondió Bianca con una sonrisa.
—¿Le llamaste a Francisco? —preguntó Efraín.
—Sí —dijo ella—. También le hablé a mis papás para que no se preocuparan.
—Hiciste bien.
—Ya has estado aquí ¿qué hacemos ahora?
—Vamos a la estación de autobuses.
—De acuerdo.
El celular sonó. Era Claudia. Bianca y Efraín