—Vale, ¿qué haces aquí en la oficina? —preguntó Leo con curiosidad al ver a Valeria con una sudadera blanca y unos jeans azules.
Se veía como la jovencita que era. Al notar que se sonrojaba, añadió con una sonrisa pícara:
—Ah, ya sé. Viniste a buscar a tu adorado Rubén, ¿verdad?
—Ay, Leo, no te burles de mí.
—Lástima, pero me temo que tu adorado Rubén no está en la oficina. Se fue a una junta muy importante.
Leo se encogió de hombros. Pensó en Rubén y en cómo se había volcado en el trabajo desd