Al salir del club “El Infinito”, Bianca caminaba absorta en sus pensamientos, sin saber muy bien qué sentir. Avanzaba sin rumbo por la calle, sintiéndose desamparada, preguntándose por qué seguía luchando en una batalla perdida. “No estoy equivocada. De verdad que no. Efraín, supongo que lo nuestro no estaba destinado a ser”.
Su celular sonó. Al ver la pantalla, notó que era una llamada de su casa. Contestó de inmediato. Sara, su madre, le habló con la voz entrecortada por el llanto.
—Bianca, t