Haidar empujó lentamente la puerta de la habitación en la que Brenda se encontraba. El sonido era apenas un susurro, pero para él resonó como una tormenta en su mente. Cuando ingresó, sus ojos se posaron de inmediato en la figura de su esposa, reposando en aquella cama de hospital. Su pálido rostro y su aparente fragilidad lo golpearon como una bofetada. Era la misma mujer a la que había prometido proteger, amar y cuidar… y ahora estaba allí, porque él había fallado estrepitosamente.
El aire en