Haidar conducía rápidamente por las calles iluminadas de la ciudad, con Brenda inconsciente en el asiento del copiloto. Su corazón latía con fuerza, había miedo, ese que invadía por completo. Cada segundo que pasaba parecía eterno, y la sola idea de perderla lo aterrorizaba.
—Brenda… lo siento tanto… —murmuraba, como si ella pudiera escucharlo—. No puedo creer lo que hice. Todo esto es culpa mía… —Su voz se quebró al pronunciar esas palabras.
El árabe no podía evitar recordar los últimos minut