El aire de la cueva se había vuelto irrespirable para Blair. No era el humo de las antorchas ni el olor de los Proscritos; era un aroma dulce y almizclado que empezaba a emanar de sus propios poros. El "veneno del olvido" que usó para romper el vínculo no solo había dañado su conexión con Nix, sino que había desajustado su ciclo natural. Su cuerpo, creyéndose libre y necesitado de protección, había entrado en un celo violento y repentino.
—¡Blair, por los dioses, deja de morderte el labio! —chi