Mundo de ficçãoIniciar sessãoSilas no se movió. Se mantuvo firme en la salida de la cueva, con los brazos cruzados sobre su pecho lleno de cicatrices. Detrás de él, una docena de proscritos sacaron sus dagas. Nix, que aún sostenía a Blair por la cintura con un brazo de hierro, dejó escapar un gruñido que hizo vibrar el suelo.
—Dije que te quitaras, Silas —amenazó Nix, y el brillo ámbar de sus ojos se intensificó—.







