La medianoche había transformado la cocina en un laberinto de sombras y frío. Blair estaba sentada en un rincón oscuro, cerca de las brasas agonizantes del fogón, con la túnica bajada hasta la cintura. Tenía un cuenco con agua tibia y un trapo sucio con el que intentaba limpiar las costras de sangre de su espalda. Cada vez que el trapo rozaba la piel viva, su cuerpo se sacudía por un espasmo de dolor.
El sonido de unas botas pesadas contra la piedra la hizo tensarse, pero no se cubrió. No le qu