Horus en ese entonces apenas tenía ocho años, con la mirada limpia y curiosa de quien aún no ha visto de cerca el filo de la guerra. Durante dos años, sin falta, bajó aquel pasadizo secreto que solo él conocía para visitar a Leighis Noor. Las visitas se habían convertido en su secreto más preciado, algo que no compartía con ningún miembro de su familia. En la superficie era el joven heredero, aplicado en sus estudios y obediente en su entrenamiento, pero en las profundidades de la biblioteca er