Atlas recibió los informes de sus derrotas. ¿Quién osaba enfrentarse al emperador? Las dos entidades que habían sido profetizadas para destruirlo, ya las había matado: Un Khronos y Hespéride Rhiainfellt, la antigua emperatriz Luna, y ambos estaban muertos.
Se puso de pie y caminó hacia la recámara secreta donde guardaba los cuerpos. Sus pasos molestos hacían temblar el suelo con furia. Al entrar, se dirigió al fondo donde estaba la cabeza de la antigua emperatriz bruja, Hespéride. Era real, había sangre y su aspecto palidecía. Retrocedió, observando las paredes. Cada Khronos estaba adherido a los muros, como si fueran cuadros vivos. Era una vista tétrica y macabra, digna del emperador tirano Atlas Grant. Había ejecutado a una familia real entera, solo para evitar su caída. Sin embargo, ahora había aparecido ese maldito Némesis que decía sería su destrucción.
Al verificar que los cuerpos estaban allí, volvió a la sala del trono y llamó a su bruja adivina Xythra.
—Némesis. ¿Quién es est