La noche se profundizó, tejiendo su manto de sombras y susurros sobre el campamento. El sueño, cuando al fin los venció, fue un territorio inestable, poblado por los ecos de sus pactos y las heridas que ambos cargaban. Horus, acostumbrado a la vigilia alerta del soldado, cayó en un duermevela inquieto. Hespéride, junto a él, flotaba en un estado similar, su conciencia mágica siempre rozando la superficie de lo real.
En las horas más oscuras, antes del amanecer, un movimiento brusco rompió la fr